"Apruebo (¿y el rechazo?)": Columna de académica de Escuela de Periodismo Paula Walker

La invitación a conversar es de las acciones más civilizatorias que los seres humanos podemos hacer. Es una invitación a compartir puntos de vista y construir significados que nos permitan establecer un idioma de entendimiento, lo que en comunicaciones llamamos sentidos comunes.

Fuente: La Tercera.

Este tiempo previo al plebiscito del 25 de octubre, es un buen ejercicio para conocer en detalle los significados explícitos e implícitos que representa cada una de estas ideas generales: aprobar o rechazar. A qué nos invitan cada una de ellas.

La palabra apruebo es, qué duda cabe, una palabra cariñosa, inclusiva, acogedora, moderna, que invita a la colaboración, a buscarle “el lado” a las cosas, convocante, más bien iluminadora.

En cambio, la palabra rechazo está llena de malos recuerdos en nuestras cabezas y experiencias: nadie quiere ser rechazado, o que te rechacen una idea, un sueño, una compra. Hacer un trabajo y que el jefe o jefa lo rechace, que rechacen a la polola nueva, al suegro, la pareja; el rechazo familiar a una conversación urgente, rechazar al que juega mal a la pelota, o a la desafinada del coro. Rechazar es dar un portazo, es cerrar toda conversación, plantarse en un extremo que no permite ir a buscar e integrar. Es una palabra de origen negativo, con pinta de tormenta y augurios de sombras.

Los partidos políticos han desplegado estos días su batería de conceptos creativos en las diferentes piezas que circulan por redes sociales, principalmente en Twitter. Lo que antes veíamos en paredes y papeles, ahora se mueve en nuestros celulares, en Facebook, Instagram, WhatsApp, etc. Las frases del apruebo: “Apruebo un Chile Digno”; “Que Chile Decida”; “Mixta no es paridad”; “él (o la) que piensa aprueba”. Las frases del rechazo: “No tengas miedo a la funa, tu voto es secreto”; “El plebiscito destruirá Chile”; “Rechazar para reformar”; “El 10% salió sin una nueva Constitución”. Mientras por el apruebo vemos a Condorito invitándonos a conversar, por el rechazo circula un ataúd.

La comunicación se trata no solo del lenguaje, imágenes o el tono; es principalmente emociones: la esperanza por un país que puede cambiar, versus el miedo de que cualquier cambio traerá caos. La historia que nos puede contar el apruebo, en todas sus variaciones y significados, es mil veces más luminosa que las imágenes de muerte y destrucción que libremente eligen los partidarios del rechazo, y hacen circular. Mientras rechazar se ancla en evocar la muerte, aprobar se trata de crear, conversar, juntarse, caminar e integrar.

¿Y el gobierno? Tiene mucho que hacer para promover la idea de que ir a votar es seguro, debe dar a conocer a la brevedad el protocolo sanitario que protege a todas las personas mientras van a votar, facilitar sus traslados, hacer campaña para elevar la participación ciudadana y activamente invitar a conversar a todos y todas sobre el país que queremos.